Wednesday, April 6, 2011

El imán del Koubek Center


Me gusta escribir; dicen que soy muy bueno escribiendo. Me gusta actuar; dicen que soy muy bueno actuando. Me gusta hacer reír a la gente, utilizando mi especial sentido del humor y ese sarcasmo encantador y único que poseo. Esto sólo lo digo yo, aunque le pese a mi madre, que, con euforia, celebra cada una de mis gracias, como si fueran realmente graciosas.
Son muchas cosas las que descubrí de mí, al estudiar en el Koubek Center. Talentos inexplorados que, como un diamante en bruto, necesitaban del arte de aquellos que, con vocación y paciencia, se animaron a pulir.
Sé que, aunque no sea un motivo de orgullo, para el Koubek (una de mis asignaturas pendientes), y que mi nombre no lo recuerde, ni el portero --con quien más de una vez me enfrasqué, en peleas airadas por estacionar mal mi auto; para ser honesto yo tampoco me acuerdo de su nombre-- yo no dejo de congratularme, por el hecho de haber pertenecido a aquella institución, que me cambió la vida, dándome una perspectiva distinta de lo que son los sueños.
Conocí mucha gente que, como yo, persiguen los mismos sueños. Son tantos, con tanto talento, que provoca eliminarlos, para que la competencia no sea más dura de lo que la propia vida la hace --planes que he postergado, mientras pueda seguir aprendiendo de ellos–, sin embargo, entre tanta gente, con la que me relacioné, nunca alcancé a distinguir a alguien, que no estuviera dispuesto a darlo todo y a luchar por llegar a su meta. Especie casi extinta, que se ve atraída, por el imán del Koubek, y que ahora quieren sellarle las puertas, en sus narices, enclaustrando esos sueños, como si se tratara de un capricho, de niño rico, que puede ser reemplazado, por uno aún mejor.
Soy humano --condición descubierta, antes de que el Koubek apareciera en escena--, por eso, persigo ilusionado y con afán, mi asignatura pendiente. Son muchos los que, por razones humanas, siguen luchando, con el mismo ímpetu, por llegar a ser alguien. Sin el Koubek, muchos no llegarán a ser alguien, no se atreverán a soñar y lo que es peor; no descubrirán jamás de lo que son capaces.

Randy Melgarejo.
Graduado del Memorial Koubek Center

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